Los medios de comunicación monopólicos se presentan a sí mismos como paladines de la lucha contra la corrupción. Por Mario Macaroff

Los medios hegemonicos, son en realidad mafias al servicio de las peores lacras financieras del mundo.

El fenómeno no es nuevo pero está cobrando una intensidad tan grande en Latinoamérica que vale la pena volver a abordarlo desde la perspectiva de la lucha política.

Compañeros memoriosos recuerdan las campañas de agravios montadas contra el General Perón y Eva Perón después del golpe del 55. Sin embargo los hechos históricos demuestran que esas campañas no tenían el mismo grado de penetración, en los sectores sociales que pertenecen al campo popular, que tienen ahora. Alcanzaba con la organización territorial y el boca a boca entre los militantes de base y el pueblo para neutralizarlas.

Los cambios tecnológicos y la incorporación de nuevos hábitos de consumo en las mayorías populares han abierto una brecha en la que el enemigo (enemigo de los pueblos) ha demostrado moverse con mayor habilidad que nosotros.

La maniobra se repite con pocas diferencias en distintos países y con parecidos personajes. Un hecho de corrupción, real o inventado, se destapa en medio de una intensa campaña mediática. Todo el tiempo la radio, la televisión, los diarios y las redes sociales machacan contra quienes el sistema eligió para destrozar. La operación culmina con algún juez o grupo de jueces dándole la razón a los escrachadores con lo cual el hecho se vuelve para muchos una verdad irrefutable.

A quienes están medianamente informados y pueden hacer una lectura política, la trampa les resulta evidente. Sin embargo hasta ahora la eficacia de estas maniobras, medida en su impacto en el conjunto de la población, es importante.

Cuantos en Argentina y Brasil se quedaron con los titulares de que Lula está preso por un escándalo de corrupción y cuantos alcanzan a entender que la red O Globo como el grupo Clarín son parte del entramado financiero que permite a través de las guaridas fiscales blanquear el dinero del crimen organizado.

Son el instrumento con el que la corrupción institucionalizada disciplina a los tibios y se saca de encima a quienes pueden ser un estorbo en su camino

En este sombrío panorama resulta esperanzador ver que aún existen dirigentes de la talla de Lula que salen a enfrentar el chantaje mediático judicial con la mirada puesta en su pueblo. El discurso que dio en la sede del sindicato que lo vio nacer políticamente, está señalando un camino

La unidad y movilización del campo popular pueden marcar el punto de quiebre de la ofensiva de la derecha en América Latina y es sin duda el desafío que tenemos por delante hoy

 

Compartir

Comentarios