OPINIÓN  1 de mayo de 2018

DE LA OLIGARQUÍA TRADICIONAL A LA FINANCIERA

Queda claro que la oligarquía financiera hegemoniza la alianza cambiemos. Por Mario Macaroff

Es el sector más poderoso e insensible del moderno capitalismo. Es también quien con mayor facilidad puede traicionar a sus actuales aliados saliéndose del juego cuando más le convenga.

Aunque los apellidos se repiten es importante conocer la diferencia entre la oligarquía terrateniente y la actual oligarquía financiera integrada al capital financiero internacional.

Aquella vieja oligarquía era apátrida, criminal y despreciaba a nuestro pueblo tanto como ésta pero, mal que les pese, su fuente de ganancia estaba relacionada a la tierra y la tierra no se la podían llevar al extranjero con una transacción bancaria. Estaban condenados a ser argentinos, a preocuparse por lo que pasara en Argentina.

En cambio la nueva oligarquía está integrada al capital financiero internacional, a esa gran nube de dinero virtual que supera varias veces todo el capital productivo del planeta, que entra y sale de los negocios dejando a su paso tierra arrasada.

Numéricamente son una ínfima minoría que nunca podría llegar a gobernar el estado por la vía democrática a menos de que coopten dirigentes de fuerzas políticas y sociales representativas  

Cambiemos es una alianza que se construye sobre la base de un partido vecinal y el aparato político nacional del radicalismo que ha logrado con el discurso antiperonista y anti populista atraer el voto de sectores medios desconformes.

Ese frente político y social ha entregado la conducción de su proyecto a la oligarquía financiera, la que no perdió tiempo en desmantelar todo el aparato de control que el estado tenía para evitar los movimientos especulativos de capitales y poner a sus operadores de negocios en los lugares claves.

A medida que la gestión de gobierno avanza las promesas se rompen y los desencantos comienzan a hacerse notar. Primero fueron los jubilados y los trabajadores de ingresos medios con la reforma previsional y los cambios al impuesto al salario. Después los empresarios ligados al mercado interno con la caída del consumo, la apertura de importaciones y la suba de los servicios.

Por supuesto que todavía mantienen un formidable aparato mediático, judicial y muchos aliados con los que reparten algunos beneficios. También una larga lista de políticos y dirigentes corruptos a los que entusiasman con la promesa de un nuevo triunfo electoral.

Los operadores del capital financiero están allí para optimizar la ganancia del capital especulativo, tanto tiempo como sea posible, y para eso reparten promesas y dádivas a sus actuales aliados. La pregunta es que va a pasar cuando abandonen el barco, se lleven la escalera y los dejen colgados del pincel, como la historia contemporánea ya ha mostrado.

No podemos esperar con fatalismo llegar a otra crisis como la del 2001 para reaccionar.

Es momento de darse cuenta que este es un juego en el que la inmensa mayoría de los argentinos vamos a perder y mucho. De superar los rencores políticos y las contradicciones secundarias que tanto tiempo nos han dividido y conformar un amplio frente nacional y popular capaz de presentar una propuesta alternativa a la del capital financiero.

                    

   

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