OPINIÓN  18 de junio de 2018

EL FMI Y LA DEMOCRACIA.

Que un acuerdo como el que anuncio el gobierno con el FMI no pase por el Congreso es el equivalente a un golpe institucional. Por Mario Macaroff.

Esto es así porque dicho acuerdo fija condicionamientos económicos, políticos y sociales que exceden largamente el actual período de gobierno y que nadie votó ni siquiera quienes lo hicieron por Cambiemos en las últimas elecciones.

La crisis económica en la que se debate nuestro país tampoco puede servir de argumento ya que es una crisis autogenerada por las mismas políticas que se pretenden profundizar a través de los compromisos asumidos con el FMI.

El pueblo Argentino valora la democracia porque le costó mucho conseguirla y sigue fresco en la memoria colectiva todo el horror de la dictadura. Sin embargo no siempre resulta fácil identificar los verdaderos peligros que la amenazan ya que todos hablan en defensa de las instituciones representando intereses diferentes y contradictorios.

Por eso no está de más recordar que el verdadero enemigo de la democracia es el capital financiero y su ambición desmedida es la que genera tantas tensiones sociales y termina por poner en peligro la convivencia y la paz social.  

A pesar de los cambios de figuras y roles anunciados en el gabinete nacional la dirección de la política económica sigue siendo en lo fundamental preservar los intereses del capital financiero para que puedan asegurar las ganancias de la especulación y salirse a tiempo de la timba cuando haga falta.

El enfrentamiento a las políticas antidemocráticas del capital financiero hoy se da en las calles y en el Congreso de la Nación con la interpelación presentado por los partidos de oposición y que debe ser el eje del desconocimiento a la legitimidad del acuerdo firmado. 

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