14 de septiembre de 2019

ASÍ CAYERON LAS TORRES GEMELAS

Concluyente Investigación científica: se utilizó un sofisticado explosivo de altísimo poder calórico para derribar las torres. Publicación de Monserrat Mestre para El Pájaro Rojo.

Un estudio exhaustivo realizado por el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Alaska Fairbanks (FAU) en asociación con  Arquitectos e Ingenieros por la verdad del 11 de septiembre encontró que el fuego no fue la causa del colapso del Edificio 7 del Centro de Comercio Mundial (WTC).

La teoría oficial sostuvo que el coloso de 47 pisos se derrumbó sobre su base después de los trágicos ataques del 11 de septiembre de 2001, a las 5:20 pm, cuando fue afectado por el fuego proveniente de las ya demolidas Torres Gemelas, los edificios 1 y 2 del World Trade Center. La torre 7 fue completamente destruía en sólo siete segundos, el tiempo que demoró en derrumbarse del mismo modo que las torres.

Sin embargo, después de invertir cuatro años en simulaciones por computadora, los científicos de la FAU publicaron un borrador de un informe que concluye que el colapso del tercer rascacielos del WTC el 11 de septiembre de 2001 no se debió a ningún incendio, sino a «la falla casi simultánea de cada columna en el edificio.»

«A pesar de los llamamientos para preservar las pruebas, a los investigadores  de la ciudad de Nueva York se les quitaron y destruyeron los escombros del edificio en las siguientes semanas y meses, evitando que se llevara a cabo una investigación forense adecuada», explicaron Arquitectos e Ingenieros de la verdad del 11 de septiembre, en su página en internet.

«Siete años más tarde, los investigadores federales concluyeron que el WTC 7 fue el primer edificio de gran altura con estructura de acero que se derrumbó únicamente como resultado de incendios normales en las oficinas», enfatizaron los especialistas, señalando que la nueva evidencia invalida esa hipótesis.

Solicitud para reabrir la investigación

Hace ya tiempo, más de 3.000 arquitectos e ingenieros activos y retirados pidieron al Congreso de los Estados Unidos que realizara una nueva investigación sobre los tres rascacielos del WTC que fueron destruidos el 11 de septiembre de 2001. Organizados en la asociación independiente  «Arquitectos e ingenieros por la verdad del 11 de septiembre», expresaron que había «suficientes dudas sobre la historia oficial para justificar la reapertura de la investigación del 11 de septiembre».

«La nueva investigación debe incluir una investigación completa sobre el posible uso de explosivos que podrían haber sido la causa real de la destrucción de las Torres Gemelas y el Edificio 7 del World Trade Center», alegaron..

En 2009, una investigación independiente realizada por un equipo de científicos internacionales descubrió, después de analizar algunas muestras de polvo de los escombros en el área donde colapsaron los rascacielos, que todos ellos contenían una capa roja de material térmico activo que incorporaba nanotecnología. 

El estudio realizado por Niels H. Harrit, químico de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, determinó que era un material explosivo de altísimo poder térmico que explicaría los restos de metal fundido y por qué los incendios continuaron  bajo los escombros durante meses.

El profesor David Ray Griffin es autor de un trabajo de referencia en el que detalla hasta 115 omisiones y distorsiones en la investigación oficial. El trabajo de Griffin titulado  «El Informe de la Comisión del 11 de septiembre: Omisiones y distorsiones», desmantela la versión oficial de los ataques World Trade Center, así como la que se dio de los ataques al  Pentágono y a la Casa Blanca, que ocurrieron el mismo fatídico día.

Los puntos más importantes que Griffin menciona en su libro alegando la posible complicidad de elementos del gobierno en el ataque son:

La omisión de la evidencia de que al menos seis de los presuntos secuestradores, incluido Waleed al-Shehri, que según la Comisión probablemente apuñaló a una azafata en el vuelo 11 antes de estrellarse contra la Torre Norte del WTC, todavía están vivos (páginas 19 -20).

La omisión del hecho de que el hermano del presidente Bush, Marvin, y su primo Wirt Walker III eran los directores de la compañía a cargo de la seguridad del WTC (páginas 31-32).

La omisión del hecho de que el think tank neoconservador «El Proyecto para el Nuevo Siglo Americano» –cuyos miembros se convirtieron en figuras clave en la administración Bush- publicó un documento en el año 2000 que decía que «un nuevo Pearl Harbor» ayudaría al objetivo de obtener fondos para un rápido desarrollo tecnológico que permitiría la  transformación del ejército de los EEUU. (páginas 117-18).

La omisión en el informe oficial  de que en una reunión en julio de 2001, los representantes de EEUU dijeron que debido a que los talibanes se negaron a aceptar una propuesta estadounidense  que permitiría que el proyecto del oleoducto avanzara, la guerra contra los talibanes comenzaría en octubre (páginas 125-26 ).

El hecho de no investigar el tema de que el entrenamiento militar programado para ese día estaba relacionado con el fracaso de los militares en interceptar los aviones secuestrados (páginas 268-69).

La falta de discusión sobre la posible relevancia de la Operación Northwoods para los ataques del 11 de septiembre de 2001 (páginas 269-71).  

El hecho de no señalar que la «independencia» de la Comisión se vio comprometida fatalmente por el hecho de que su director ejecutivo, Philip Zelikow, era prácticamente un miembro de la administración Bush (páginas 7-9, 11-12, 282-84).

En este contexto, el ex analista de la CIA George Beebe alegó recientemente en su nuevo trabajo que el líder ruso Vladimir Putin advirtió personalmente al presidente George W. Bush con dos días de anticipación de la inminencia de los ataques.

 

 

 

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